viernes, 12 de octubre de 2012

Carta de amor

Llegaste brincando, como si nada te importase, como si no supieras que, a pesar de las horas de la mañana que eran, pasaba gente que te podía ver.
Hablasteis, reísteis y yo también me reí, aunque por lo bajo y a escondidas. Eras como poco una persona singular.
Quien sabe si por la timidez o por la discrección que a nuestra manera compartimos, empezamos a hablar. Empezó siendo un minuto, y al siguiente rato en el que pudimos hablar la conversación se amplió a dos. Y la siguiente a 5, y la otra a 8 ya no importándonos los números ni las matemáticas.
Al día siguiente ya no me importaron tus brincos, ni mucho menos tus andares. Compartimos risas y miradas.
Y entonces ocurrió, de manera inocente, casi sin darnos cuenta, a la mínima oportunidad, nos juntamos, lo que yo planeaba lo hiciste tú incluso antes. De nuevo juntos. Al principio callados, luego sin parar de hablar.
Estos son los momentos en los que te conocí, porque no, no nos bastó con uno, y a falta de éste, tuvimos no 5, no 7, millones, de nuevo sin números lógicos ni matemáticas.
Y aunque ahora, al seguirte conociendo y deseando no dejarlo de hacer nunca, me tenga que conformar con oir confusos buzones de voz y palabras entrecortadas y tímidas....TE QUIERO.

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