sábado, 12 de enero de 2013

And, in that moment, I thought happiness was forever

Pensé que nunca caería y que al día siguiente me levantaría con una sonrisa. Pensé que todo iba a ir bien y qsue el mundo estaba hecho a mi medida. Que las historias de libros y películas también son de verdad. Creí en los para siempre y en la alegría. En la amistad sin ningún contratiempo y puede que hasta en el amor. Y con todo eso me equivoqué.
wordsSolo 24 horas más tarde las lágrimas ya estaban de viaje hacia mis mejillas. Unas cuantas frases y una carita sonriente me alegraron durante unos minutos hasta que las lágrimas por fin llegaron al aeropuerto de mis ojos para pasearse por mis mejillas y acabar en mi boca o en mi barbilla. El agobio pudo conmigo y solo quise escribir, leer, y desaparecer del mundo. Quise eliminar a todos los causantes de mi estrés y quedarme sola en el mundo. Quise que me tragara la tierra, aunque a pesar de mis súplicas, ésta no lo hizo. Quise que todo volviese a ser como antes hasta que no pude más y todo se me vino encima. Mi cuerpo se las arregló para acabar igual que mi estado de ánimo, haciendo así que me quedara impotente, mirando a la gente que corría y saltaba feliz.
Que me lanzaran un beso, me dijeran que no me iba a pasar nada, me preguntasen si estaba bien o me dijeran una frase esperanzadora no sirvió de nada pero agradecí tener un hombro sobre el que empezar a llorar de nuevo.
Y odio ser una persona tan frágil. Que en seguida pasa días deprimida, triste y a veces rompa a llorar con demasiada facilidad. Odio todo eso porque sé que aunque vuelva la felicidad también volverá la tristeza. Sé que los recuerdos volverán a abalanzarse sobre mí y sé que les abriré la puerta aunque pertenezcan al pasado, que no tiene nada nuevo que contarme.
Pero, de vez en cuando, como el otro día, cometí el error de creer que la felicidad era para siempre.

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