jueves, 3 de enero de 2013

Tres deseos

Tres deseos. Los que nos podían conceder un genio, un mago o un hada madrina. Solo con necesidad de una varita mágica e ilusión.
Todas creímos eso de pequeñas sin dudarlo. Que en algún momento de nuestra vida aparecería un hada madrina que nos convirtiese en la mismísima Cenicienta convenciéndonos así de que existía. Que en un día en el que todo pareciese oscuro y sin remedio aparecería una de ellas. Con un vestido largo, añil y con capucha. Tal vez llevase también un lazo color rosa chicle y unas gafas de metal gris a juego con su pelo ya algo canoso y una sonrisa amable y cordial.
Tamara Van Loock
Me gustaría fotografiar los sueños que tenía de pequeña
Que con agitar una varita podríamos hacer aparecer una bella carroza con incluso unicornios que tiraran y tiraran de ella hasta llevarnos hasta el infinito y más allá.
Que con el segundo deseo podríamos llevar de repente un vestido azul y brillante que enamoraría a cualquiera que lo viese.
Y que finalmente con el tercer deseo podríamos encontrar al príncipe azul que nos llevaría en un caballo hacia su castillo de sueños.
Y en efecto, tal vez solo fueran sueños, tal vez nunca llegue nuestra hada madrina ni aparezca un príncipe. Pero también es posible que sí. También es posible que no tenga sangre azul pero si un corazón rojo que late por ti. Tal vez encuentres a uno que te regale una rosa roja o del color que sea. Tal vez encuentres a uno que pueda decir que por ti se ha vuelto poeta.
Levanta esa cabeza, princesa. No porque se te vaya a caer la corona, si no porque un príncipe querrá ver esos ojos azules, verdes, marrones o negros adornados por tirabuzones rubios, marrones, rojos o negros que se salen de tu coleta de deporte.
Texto en negro: Topi
Texto en verde: Buzz Ligth Year
Texto en azul: Vestido azul (La Oreja de Van Gogh)
Texto en rojo: Perdona (Tizziano Ferro)
Texto en morado: El Poeta (Chino y Nacho)

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