miércoles, 20 de marzo de 2013

Y la princesa se hundió

Mirara a donde mirara, ya nada tenía sentido. Todo su mundo, que ya pendía de un alfiler desde hacía tiempo había cedido para caer al vacío. Los palacios se hundían por su propio peso, su vestido estaba más marrón y negro que rosado y su príncipe parecía haberse fugado.
Rapunzel.Character.jpg - MediaFireNo había ni rastro de aquellas que fueron para ella más que princesas reinas y tampoco quería saber nada de ellas en una temporada. No les echaba la culpa de lo que había pasado, pero la princesa había crecido.
Ya no era la niña de cabellos rubios que correteaba por el mundo sin tener idea de nada. Ahora andaba erguida y firme, consciente de que nadie se giraría a mirarla. Se solía derrumbar, pero no a la vista. Se solía imaginar qué pensaría la gente si la viera así, tirada en el suelo y sin ningún deseo al que aferrarse. Ahora estaba así. Y todos lo sabían.
La princesa se hundió. Su cara enrojeció y su cuerpo se metió entre unas sábanas desordenadas al volumen de la música más triste que encontró. Estaba perdida. Perdida y sin saber qué hacer.

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